miércoles, 31 de enero de 2018

BRUJERÍA Y CAPITALISMO

La historiadora Silvia Federici ha puesto sobre la mesa un nuevo punto de vista sobre la caza de brujas y expone de forma rigurosa las razones políticas y económicas que se ocultaron tras esta. Fue un arma para derrotar la resistencia a la reestructuración social y económica en el paso del feudalismo al capitalismo.

Analiza el contexto histórico que hizo posible la cacería: la PESTE NEGRA, que eliminó a un tercio de la población europea en 1348. Los que sobrevivieron a la plaga, enfrentados a la posibilidad de una muerte súbita, se quedaron sin ganas de trabajar. "Trataban de pasarlo lo mejor posible, regalándose una fiesta tras otra sin pensar en el futuro", escribe Federici. Al descender bruscamente el número de trabajadores, la gente empezó a DESAFIAR EL PODER de los señores feudales. "La población diezmada y abundancia de tierras hizo que las amenazas de los señores dejaran de ser efectivas. Los campesinos podían moverse libremente y hallar nuevas tierras para cultivar". Durante el siglo XIV, se multiplicaron las huelgas en Europa. En la Baja Edad Media, el salario real creció en Europa un 100%, los precios cayeron un 33% y disminuyó la jornada laboral. La aristocracia terrateniente y los nuevos Estados CONTRATACARON con una serie de medidas que sentaron las bases del capitalismo en los siguientes tres siglos.

El salto del feudalismo al capitalismo vino acompañado de las siguientes transformaciones: se inventó el trabajo asalariado. Los nuevos Estados burgueses expropiaron y PRIVATIZARON MASIVAMENTE tierras que antes eran de uso común. Las mujeres, que hasta entonces habían podido dedicarse a recolectar la HUERTA o incluso a trabajar en las ciudades, quedaron CONFINADAS a los muros del hogar. Dedicadas al trabajo doméstico no remunerado, la famosa división sexual del trabajo que profundizó en su dependencia de los hombres. Así, los cuerpos de las mujeres, su trabajo, sus poderes sexuales y reproductivos fueron colocados bajo el control del Estado y transformados en recursos económicos.

La caza de brujas se desarrolló en un ambiente en el que los “de mejor clase” vivían en un estado de constante temor frente a las “clases bajas”. Se trató de las “GUERRAS CAMPESINAS” contra la privatización de la tierra. Durante estas sublevaciones, a menudo eran las mujeres quienes iniciaban y dirigían la acción.

No podemos dejar de ver, en este contexto, una conexión entre el AQUELARRE, la famosa reunión nocturna en la que supuestamente se congregaban miles de personas, viajando con frecuencia desde lugares distantes, y el miedo a las asambleas campesinas, de gente reunida, conspirando, que tenían lugar de noche porque cualquier cosa no legal tenía lugar bajo el manto de la oscuridad.

Los bienes comunes no significaban únicamente un medio de subsistencia, de paliar la desigualdad, sino también todo un sistema de organizar las relaciones sociales. La gente tomaba decisiones conjuntamente, mediante asambleas campesinas en donde la circulación de conocimiento se producía de forma colectiva. La gente decidía conjuntamente cuándo sembrar, cuándo cosechar de forma colectiva. Y esto generaba unos lazos muy profundos lo que explica también que las luchas fuesen tan intensas y prolongadas. No hay duda de que, en la obsesión de los jueces por estas reuniones diabólicas, se escucha el eco de las reuniones secretas o ASAMBLEAS que los campesinos realizaban de noche, en las colinas solitarias y en los bosques, para planear la sublevación.

Parinetto señala que la dimensión nocturna del aquelarre era una violación de la contemporánea regularización capitalista del tiempo de trabajo, y un desafío a la propiedad privada y la ortodoxia sexual, ya que las sombras nocturnas oscurecían las distinciones entre los sexos y entre “lo mío y lo tuyo”.

La obsesión por incrementar la población (mano de obra) fue otro de los motivos que impulsaron la persecución, que demonizó cualquier forma de control de la natalidad y de sexualidad no-procreativa.

Si en la Edad Media las mujeres habían podido usar métodos anticonceptivos y abortivos y ejercer un control indiscutible sobre el proceso del parto, a partir de entonces sus úteros se transformaron en territorio político.

No sorprende que este miedo se expresara como un ataque a la magia popular. La batalla contra la magia siempre ha acompañado el desarrollo del capitalismo, hasta el día de hoy. La premisa de la magia es que el mundo está vivo, es impredecible y hay una fuerza en todas las cosas, “agua, árboles, substancias, palabras [...]” (Wilson, 2000: xvii). Pero a los ojos de la nueva clase capitalista, esta concepción anárquica y molecular de la difusión del poder en el mundo era insoportable.